Sexo en el trabajo

Parejas en la oficina: ¿Confesar o mantener el secreto?

Dicen que el roce hace el cariño. Y de roces hay muchos en una oficina, algo lógico cuando se pasa más tiempo en el puesto de trabajo que en casa. Así que no extraña que más del 30% de los españoles declaren en una encuesta realizada por Infojobs haber mantenido una relación sentimental con una persona de su entorno laboral.

 Aunque desde hace más de un año esas relaciones, muchas veces secretas, entre compañeros de trabajo han cambiado de escenario. El teletrabajo ha dejado a muchos de esos empleados en sus casas. Pero todo volverá a ser como antes cuando los trabajadores -eso ya está pasando-  vuelvan a sus oficinas.

Y se repetirán esas historias de amor que en España ninguna ley puede prohibir, por lo que en este país sería prácticamente imposible despedir a un trabajador o trabajadora (salvo la existencia de una cláusula en el contrato muy explicita sobre el asunto) por una relación consentida con una compañera o compañero de oficina, como sí ha ocurrido en otros países.

Sobrellevar con naturalidad una relación sentimental en el trabajo –amparada por ley para la gran mayoría de trabajadores, con contratos convencionales– no siempre resulta fácil. Incluso con las relaciones estables

El qué dirán, el chismorreo de los compañeros, los comentarios envenenados de aquellos que ven intereses escondidos en esa unión, los augurios de quienes no apostarían ni un céntimo por la continuidad de ese noviazgo, los recelos de la empresa por como puede afectar esa relación en la productividad… Lo habitual es que esas nuevas parejas nacidas en la oficina lo tengan a priori todo en contra.

¿Cómo hay que manejar, entonces, esos amores de oficina? Lo primero a tener en cuenta por esas parejas “es que ninguna norma ni ley laboral prohíbe las relaciones sentimentales entre compañeros de trabajo, amparados por el derecho a la intimidad”, afirma Alex Fontelles, abogado experto en asuntos laborales. Lo único a lo que puede aspirar la empresa, continúa este letrado, “es a velar para que la productividad no se vea afectada, pero siempre manteniendo las condiciones de trabajo de esos empleados”.

Ninguna ley moral prohibe las relaciones sentimentales entre compañeros de trabajo en España

Los únicos que podrían escapar a esa norma “son los altos directivos con contratos con un régimen diferente al del Estatuto de los Trabajadores”, matiza Fontelles al referirse a la suerte corrida por ese consejero delegado de McDonald’s, Steve Easterbrook, despedido de forma fulminante  por violar las políticas de la compañía al mantener una relación sentimental con una empleada.

Fontelles recalca, sin embargo, que con la legislación española “un cláusula que prohibiera esas relaciones entre compañeros de trabajo (incluso con altos directivos como en el caso de McDonald’s) sería nula”. Aquí lo único que se puede exigir, añade este abogado, “es mayor transparencia” a esos empleados si hacen pública su relación para asegurarse que esa unión no tenga efectos negativos en la actividad de la empresa. Pero en ningún caso “obligar a esos trabajadores que inician una relación en su trabajo a comunicarlo a sus superiores”. Esa cláusula sería también nula.

Como afrontar esta situación?

Anunciarlo o llevarlo en secreto es el principal enigma al que se enfrentan estas parejas. “Algo muy normal, ya que son víctimas de un estigma: la errónea creencia de que quien mantiene una relación en la oficina piensa más en divertirse que en el trabajo y, por lo tanto, es un mal profesional”, afirma Arantxa Coca, psicopedagoga familiar y experta en terapia de pareja.

“Ocultar esa relación es muy comprensible”, coincide Elisa Sánchez, psicóloga especializada en recursos humanos. “Hacer pública esa noticia genera incertidumbre y miedo al exponerse a la opinión del resto de compañeros”, añade Sánchez. Pero esas parejas deben de ser conscientes “de que si son ellos los que anuncian la relación es más probable que cuenten con el apoyo de los compañeros que si estos se enteran de esa noticia por otra vía”.

El psicólogo clínico Miguel Ángel Rizaldos aconseja “mantener el secreto cuando se trata de una relación esporádica, para evitar el chismorreo”. Pero si esa unión se consolida, continúa, “la pareja tiene que plantearse la necesidad de hacerlo público, ya que ocultar el tema en un entorno en el que se pasan tantas horas es poco realista y eso puede acabar pasando factura en su estado de ánimo”.

Alex Fontelles insiste en que la decisión de comunicar o mantener en secreto una relación entre compañeros de trabajo “sólo atañe a los protagonistas”. Pero al igual que Rizaldos, este letrado apunta que ocultar esa realidad “nunca va a ser fácil en un universo como el laboral, y el permanente temor a ser descubierto tampoco sería lo más saludable en ese entorno”.

Poner cifra al número de parejas nacidas en el mudo laboral es una tarea imposible. Así como calcular cuántas siguen manteniendo el secreto a pesar de tener estabilidad. Lo que sí reveló un estudio realizado por Infojobs sobre el tema es que el 80% de esas uniones entre compañeros de trabajo se suelen dar entre empleados del mismo rango (con jefes no llegan al 10%), y el 44% se enamoraron en el mismo departamento.

Una cosa sí puede afirmarse. En estas relaciones hay más secreto que transparencia, el 34% de las parejas nacidas en el trabajo lo comunican desde el primer momento. Un 38% esperan un tiempo prudencial antes de anunciarlo y casi el 30% reconoce que siguen con esa relación sin haberla confesado. Y parece que estas estrategias no van mal, pues el 70% de parejas formadas por compañeros de trabajo siguen en sus puestos.

La balsa de aceite propiciada por una relación entre compañeros de trabajo tiene muchos números de transformarse en un infierno cuando esa pareja que comparte entorno laboral se separa. “Sin duda esas rupturas pueden tener repercusiones laborales, que no se darían si esa pareja no trabajara en el mismo lugar”, apunta Arantxa Coca.

“El riesgo, si hay diferencia jerárquica, es que el empleado de rango inferior pague una factura más cara”, augura, por su parte, Elisa Sánchez. “Lo ideal sería activar herramientas personales para minimizar al máximo las consecuencias que puede tener esa ruptura en el trabajo”, aconseja Miguel Ángel Rizaldos.

Las rupturas pueden tener repercusiones laborales, que no se darian si esa pareja no trabajara en el mismo lugar

Esa es la teoría. Pero la realidad tras la separación de una pareja de compañeros de trabajo suele ir siempre acompañada de consecuencias no deseadas por los protagonistas de esa historia. “Una respuesta lógica –opina la psicóloga experta en recursos humanos, Elisa Sánchez– es que se creen bandos, y que el apoyo mayoritario de los compañeros se decante hacia la persona que ha sido dejada.

Y eso tiene repercusiones en el ambiente laboral”. Son experiencias, añade Arantxa Coca, “que fomentan el morbo (lo que no pasaría con la misma intensidad si esas personas no trabajaran juntas) y generan muchos corrillos y chismorreo”. Miguel Angel Rizaldos afirma, por su parte, que “la sobreexposición de la intimidad se dispara con estas parejas cuando se hace público entre sus compañeros que la relación se ha roto. Todo el mundo se cree con el derecho de opinar”..

El movimiento #Me Too ha propiciado un aumento del control de los escarceos amorosos entre compañeros de trabajo por parte de los departamentos de Recursos Humanos –principalmente en grandes empresas– con independencia de si son o no consentidos. La protección de las víctimasmás vulnerables al acoso o chantaje sexual en eltrabajo se ha tornado en una prioridad.

Nada nuevo para firmas importantes que hace ya tiempo incluyeron cláusulas en los contratos de altos directivos que prohíben explícitamente las relaciones con empleados, proveedores o clientes de sus empresas. Esta es una práctica extendida en el mundo anglosajón.

Víctimas sonadas del amor en la oficina

El caso más sonado de la cara factura por un amor en el trabajo sigue siendo el del consejero delegado de Mc Donald’s  despedido por tener una relación sentimental con una empleada, que nunca fue identificada.

En 2018 un CEO de Intel, Brian Krzanich, también se vio obligado a dejar su empleo tras una denuncia anónima que destapó la relación sentimental, consentida, que ese directivo mantenía con una empleada. Había infligido el código de conducta impuesto por la empresa tecnológica.

Harry Stonecipher, por su parte, tuvo que dejar en 2005 la presidencia de Boeing por las presiones del Consejo de Administración tras desvelarse que mantenía una relación extramatrimonial con una trabajadora de la compañía.

En HP o Lockheed Martin Corporation se han repetido en los últimos años hechos similares con directivos que tenían prohibido por contrato intimar con empleados o con personal contratado de firmas externas que realizaban trabajos para esas empresas. Uno de esos directivos mantenía una relación con una consultora externa y el otro con una empleada de menor rango.

Fuente: www.lavanguardia.com

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